Ha llegado el momento de volver a casa. La casa de dentro. La casa de la que me alejo día tras día y me olvido cada vez del camino de regreso. Una casa hecha a medida. Mi casa. Sin grandes decoraciones, estanterías repletas de libros y algunas postales. Luces de colores y a veces olor a incienso. Mi cuerpo se suelta con solo mirar dentro de sus ventanas y ver las mantas que me arropan siempre que quiero.

Es mi casa y por eso me gusta invitar a los míos, a pasar un rato junto a mi dentro de ella. Ahora mismo cuanto más pienso en mi casa, me entras ganas de llorar porque me doy cuenta de cuanto la echo de menos, cuando salgo y memarcho y camino rápido y voy y vengo y sobrevuelo mi colchón y de pronto caigo en él en un profundo sueño, del cual no me acuerdo y si lo hago, lo escondo bajo la almohada, junto al pijama. No tengo tiempo.

Corre, corre.

Cuanto más lejos estoy más me cuesta volver a casa, el camino es mas largo y estoy cansada. Estoy cansada de los encuentros sociales, de la compañía constante.

Bendito Silencio y bien amada Soledad. Son mis medios de transporte para llegar a mi casa. Al refugio de los malos días. A la alegría de las verdaderas celebraciones. Al lugar interno dónde reside Dios, Amor y Vida. Allí.

Aquí.

Esta casa; en la que canto con la fuerza de mi voz, en la que me desnudo sin pudor, en la que sueño en calma y como caliente.

Esta casa blanca y cálida que llevo conmigo, como los caracoles.

Esta casa cuyas paredes están hechas de los hogares en los que he habitado. Digo habitar porque implica que los he hecho míos por la paz que he sentido en ellos. El suelo de mi casa está hecho de las pisadas que mis zapatos y mis pies han caminado antes. De hierbas, arenas y mares. De tierras, maderas y árboles por los que he trepado.

Hoy le hago una oda a esas casas de mis antepasados, de mi infancia, de las mil historias que he vivido y soñado allí y que han creado unas raíces fuertes que se nutren del barro húmedo del invierno, ahora.

Hay personas que forman parte de mi casa, que cuando llegan es para quedarse y cuando se marchan, la puerta siempre les espera abierta.

Mi casa a la que permito entrar a quién viene con el corazón por delante. Aún así me cuesta porque danzo en el desequilibrio de la compañía constante y me agoto. Quiero recluirme, retirarme de del bullicio de la vida y encontrarme con la paz del mundo.

Mi casa. Doy gracias por tener casa. Doy gracias porque desde que se volver a mi casa, me siento a salvo.

Después de tanto jaleo, hoy he vuelto a casa y descanso.

L.G-A.V.

Sobre el Autor LgavTerapeuta

Soy psicóloga y psicoterapeuta. Mi perspectiva integra todas las dimensiones del ser humano en terapia. Por ello en este espacio comparto artículos e información, sobre psicología, mi manera de trabajar, actividades que propongo y además un espacio para preguntas y dudas.

2 comentarios

  1. Leyéndote he podido verte bailando con los pies descalzos sin el pudor de las miradas ajenas cargadas de críticas…
    Ser tú siendo cómo eres es como lo describes en el texto…
    Me quedo con habitar, hogar y blanca… Antepasados que seguro estarían orgullosos.

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